G U A J I R A

 

Nací en La Guajira, Colombia, sé que eso no significa nada para muchos, mi tierra no se ha hecho famosa en el mundo aun, hace unos años se pusieron de moda los bolsos wayúu, pero la gente los compró sin preguntar de dónde venían ni que manos los tejían.

Pasé mi infancia rodeada de indígenas Wayúu, chinchorros, guayabas, chichas y arepas de chichiguare, en un paraíso de tierra naranja y grandes olvidos. A los 16 años viajé a Bogotá (como muchos jóvenes guajiros) a estudiar una carrera en una universidad.

 

Entré a la Pontificia Universidad Javeriana y allí empezó a forjarse una relación distinta con el teatro, la literatura, la música y la danza: hasta ese momento, el arte sólo podía ser considerado un pasatiempo, no veía otra posibilidad. Bogotá fue la ciudad en la que decidí renunciar a otros planes para dedicarme al arte profesionalmente.

B A R R A N Q U I L L A 

Tras dos años en Bogotá (y no sin disgustar a la familia) dejé la universidad y me fui a vivir a Barranquilla donde comencé a estudiar Danza y Teatro.

 

Aunque tenía pocas oportunidades de dedicarme al arte, allí conocí maestros extraordinarios, unos venían de Cali, otros habían estado en Estados Unidos o llegaban de Cuba, fue una época muy rica en la que el arte era algo luminoso y cercano al mar. 

Pero el 2001 fue el final de esa etapa, Colombia estaba sumida en una de sus etapas más oscuras. No había casas sin muertos por violencia, amenazas, o miedo. Con 20 años y el apoyo (ahora sí) de mi familia, me propuse cruzar, como un ave migratoria, el océano Atlántico.

M A D R I D

De España conocía lo típico: Cervantes, Calderón de la Barca, Federico García Lorca, la generación del 27, Camarón, Dalí, Almodovar, Paco de Lucía, Ana Belén, Victor Manuel, Serrat, Rafael, los Hombres G y Amistades Peligrosas. Y que eran los conquistadores de América. (Y que había reyes). 

R E S A D 

Con ese bagaje y gracias al recién nacido internet, empecé mi viaje a través de una enorme computadora, una de las primeras con sistema operativo windows, allí descubrí la página de la Real Escuela Superior de Arte Dramático de Madrid.

Era una página con pocos colores y unas imágenes en la que se veía a unos jóvenes artistas muy guapos haciendo algo de expresión corporal, el rimbombante nombre no nos amilanó, mi padre y yo nos levantábamos a las 5 de la mañana a llamar, a Riohacha, Guajira (uno de los extremos más olvidados de Colombia) llegó un día el sobre con un libro que explicaba cómo inscribirse y preparar ls pruebas.

El patio de la casa fue el escenario en el que preparé la audición, entre los pasillos leí las obras que mandaban, todas las que encontré del Siglo de Oro (luego me enteré de que sólo entraban Lope y Calderón, ay).

A trancas y barrancas terminé la escuela, y enseguida empecé a trabajar en el teatro. Hasta hoy. 

HIST
ORIA

Ignorar no me ha hecho temer o dejar de perseguir lo que intuía, enarbolando siempre la bandera de la duda. Y tratando de descifrar la promesa que esconde la palabra libertad.